LA DECISIÓN.

Por aquel entonces, a principios del 2.008, cenando con mi amiga Salo, ambas coincidíamos con que algo nos faltaba, que no nos sentíamos plenas, y que a lo que nos dedicábamos, no le daba sentido a nuestra vida. Llegamos a la conclusión de buscar fuera lo que no eramos capaces de mover dentro. Queríamos un impacto. Algo externo que nos crujiese internamente, de tal forma que no tuviéramos mas remedio, que rendirnos a nosotras mismas. Y no había lugar mas idóneo, que buscarlo en India. Luego me di cuenta que para ello, tenias que estar abierta a recibir, y sobre todo predispuesta a hacer realmente cambios, decidir tu misma y no los miedos.

Pero la intención era buena y la verdad, no fue un mal comienzo, sobre todo para tomar conciencia de la vida que nos rodeaba. Queríamos también aportar nuestro granito de arena y decidimos hacer voluntariado en la Fundación Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta-Kolkata.

Había escuchado muchas veces, que hay que estar preparado para ir a la India, que no todo el mundo lo soportaba, que había gente que se volvía antes de tiempo, y que yo…..no lo iba a aguantar.

Eso me hizo ir bien protegida y en alerta, y de alguna manera no dejar que me calasen las impresiones muy a fondo…aunque la ilusión no me la podía quitar nadie, por que por fin se iba a cumplir uno de los sueños de mi vida….impregnarme de La enigmática India.

Y DE PRONTO…LA REALIDAD.

Llegar de madrugada a un país nuevo no es la mejor idea, pero así fue la combinación de vuelos. Ya en el aeropuerto, casi tercer mundista, por lo precario que era; nos embriago ese olor a curry y a especias, mezclado con esa calor húmeda, recordándonos que estábamos a las puertas de un nuevo mundo. Nos vino a recoger un chico del hotel que habíamos cogido, por lo menos para la primera noche, y durante el recorrido ya pudimos ver personas durmiendo en las calles. Calcuta o Kolkata no es una ciudad turística, porque no hay mucho que ver, mas bien es una de las ciudades, con Bombay o Mumbay, mas pobres de nuestra querida India.

El entusiasmo no nos dejo dormir mucho, y cuanto menos tardo en sentirse la vida en las calles. Incluso antes de amanecer ya se escuchaban los pitos de los coches, motos, voces e incluso cascabeles con sonidos muy graves…..que me llamaban la atención y suscitaba mi curiosidad. Luego comprobé que el ruido constante era la banda sonora del paisaje.

La aglomeración de la conducción.

Rápidamente nos echamos a la calle, y me di cuenta que aquel cascabeleo lo producían los hombres, descalzos la mayoría,  con Sarong (pañuelos en forma de falda) roidos y muy sucios, que tiraban de sus carritos llamados Rickshaw. Era la forma de llamar la atención cuando querían adelantar, o alguien se les acercaba demasiado con otro vehículo. La conducción en India es caótica, los intermitentes son inexistentes, con coches interiormente decorados con flores, muñequitos y figuras o fotos de diosas. En las carreteras no hay lineas divisorias y solo en las avenidas grandes, te puedes encontrar algún semáforo. Todo vale, ahí voy porque quepo y sino, me hago un hueco.

Nos dejamos llevar por sus callejuelas llenas de gente, esquivando los taxistas, tuc tuc ( carritos con moto o bicicletas llevados por ellos) y rickshaw, que no paraban de ofrecernos sus servicios.

El vertedero frente a un edificio bonito.

Con los ojos bien abiertos, observaba esos contrastes tan brutales; frente a un edificio bonito, al estilo indio, mas bien de clase media alta, que es lo que menos impera en India; te encontrabas un vertedero con niños, hombres y cuervos rebuscando en la basura.

Al doblar cualquier esquina pasábamos de calles de tierra, llenas de tienduchas; al asfalto con tiendas de lujo, de marcas conocidas, como Levis; con centros comerciales con cines, y restaurantes completamente occidentales. De pronto parecía que estabas en otro país, aunque con su peculiaridad, porque también entre todo eso, había un  montón de ruedas viejas de caminos abandonadas, delante de un escaparate. Y cuando esa avenida se achicaba, al final; chabolas de donde salieron un montón de mujeres y niños, que en un momento nos rodearon, pidiéndonos dinero. Salimos rápido de allí, volviendo a calles mundanas.

LA VIDA EN LAS CALLES.

La vida en las calles.

Me di cuenta, y en los días venideros me cerciore; que muchas personas hacían su vida en las aceras, cocinaban en cualquier lado, con alguna cabra amarrada al palo que mantenía la tela, de la que parecía su casa. Otros se bañaban con algún chorro que salia de alguna manguera, o la extraían de bombas de agua antiguas, que hay por muchos sitios.

Era curioso ver peluquerías portátiles, con barberos y clientes incluidos. Baños masculinos públicos, con paredes intocables. Y entre puestos callejeros de comida, puestos de frutas, poniéndole colorido a tanta mugre. Tiendas como cajones metidos en la pared, de especias y condimentos; con el tendedero sentado dentro, como flor de loto. Un hombre vendía cigarrillos, que estaba haciendo, con hojas de arboles. Carnicerías con sus carnes colgadas al aire, del humo de los escapes. Y tiendas con unos cestos de mimbre colgados del techo, con redesillas por arriba, muy bonitas por cierto; que guardaban pollos vivos….mas fresca la carne, imposible.

Y al atardecer, mientras que iba y venia la luz eléctrica, de los negocios y de alguna farola perdida; hombres rendidos, dormían en sus rickshaw. 

Aunque lo que imperaba era la pobreza, la basura, la miseria y la necesidad; sus miradas profundas y sonrisas de perlas blancas, me llenaban el alma….eso nunca lo olvidare.

LOS NIÑOS FELIZMENTE AISLADOS.

La mujer que vivía con su niño en la calle.

Casi todos los días, cambiábamos de camino hacia el orfanato, pero la ultima calle, era siempre la misma; y la gente que vivían en ella, ya nos saludaban. Me pregunta constantemente como seria la vida de aquella única mujer, que vi con ojos azules, aunque mirada triste; que día a día se mantenía en el mismo lugar, con su niño tumbado sobre una manta en el suelo; y que la única comunicación que había era una sonrisa o un gesto de agradecimiento, cuando le daba algo de dinero o de comida. Un día le pregunte por gestos, si dormía allí, y movió su cabeza hacia adelante. Su mirada me dejo sin reacción. A veces me entraba ganas de sentarme con ella un rato, y con su niño, de futuro incierto. Pero era complicado dar una mano, porque de pronto te aparecían veinte.

Y decidía pasar mis mañanas con aquellos niños/as, que aislados en cuatro paredes, se mantenían con vida y transmitían alegría y tranquilidad. Todos con los que trabajábamos tenían alguna discapacidad; algunos ciegos, con Síndrome de Down, con déficit de aprendizaje, sin tener recursos para mejorar; pero la mayoría tenían parálisis cerebral, con cuerpitos atrofiados sin movilidad.

Teníamos cada chica una niña/o asignados, para que se acostumbraran a nosotras. Le dábamos de desayunar te con leche, luego le hacíamos  los ejercicios que en fotos o por escrito tenían cada uno en una carpeta con su nombre; jugábamos con ellos a hacerles reír, y de seguido el mismo puré todos los días, como almuerzo, y la mayoría de las veces, nos las veíamos y nos la deseábamos para que se lo comieran; te lo escupían, y como te cogiese con la boca abierta….a veces se escuchaban arcadas. Y luego a dormir la siesta, en sus camas-cunas. Y nosotras de vuelta al bullicio.

Los angelitos del orfanato.

Estos niños son abandonados por sus padres al nacer, y probablemente no serán adoptados; solo les queda la paciencia de sus cuidadoras y el cariño y dedicación de las voluntarias. Entre ellas había dos españolas; María, una Canaria, misteriosa y escurridiza, que hacia cosas diferentes a las nuestras porque era veterana. Y Amparo, una profesora jubilada de Cataluña, risueña, amable y charlantina; llevaba tiempo viniendo 4 o 5 meses al año, y se hospedaba en un convento.

Con ella salimos varias veces, recuerdo en el cumpleaños de Salo, que le regalo un almuerzo en una pizzería completamente occidental, en la cual, la estafaron al darle el cambio, diciéndole que el billete con el que había pagado era menor. La broma le costo 90 €.

Y para compensar, Salo nos invito a una cerveza helada en el Hotel de lujo, Oberoi Grand Kolkata. Solo por respirar aire limpio y silencio, mereció la pena.

Siempre que ponemos la intención de ayudar, al final, sin buscarlo, somos los mas beneficiados. Y eso es lo que ocurrió con los niños; solo con verlos reír al reconocer nuestra voz, te acariciaba el corazón.

 

Continuara….                                                                                                      Marzo del 2.008.

 

6 Comentarios

  1. Avatar

    Hola que tal? Me gustaria saber si te piden certificado de vacuna contra la fiebre amarilla para entrar. Gracias!

    • Relatos de Mi Caminar
      Relatos de Mi Caminar Respuesta

      Hola Celeste,
      No, no es obligatorio; aunque si vienes de un país donde haya riesgos de fiebre amarilla, te lo van a pedir al entrar en el pais.

      Saludos!

  2. Avatar

    Debe ser muy fuerte caer en una ciudad como Calcuta… Nosotros nos estamos preparando mentalmente para cuando lleguemos… Hablamos con varias personas que estuvieron y todas nos dijeron lo mismo, al principio nos va a costar entender la sociedad y que tenemos que ir dispuestos a ver muchas cosas fuertes sino se nos va a hacer difícil la estancia.

    Saludos y buenos viajes!!

    • Relatos de Mi Caminar
      Relatos de Mi Caminar Respuesta

      Hola Nahuel, gracias por escribir.

      La verdad que hay que saber a donde vas, pero hasta que no se llegue al lugar nunca se sabe como vamos a reaccionar. Sobre todo intenta disfrutar de la belleza que tienen, que es mucha.

      Saludos y buen viaje también.

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