El reencuentro.

Después de casi 24 horas, llegar a Hanoi-Vietnam y sentir el frescor en mi cara, me encantó, porque lo que esperaba era ese calor húmedo que simboliza a Asia.

La espera de algo en concreto es lo que normalmente provocaba, en tiempos pasados,  que me defraudase , decepcionase o incluso frustrase. Pero ahora lo que me gusta decir y sentirlo a la vez es: Por algo será. Y eso hace que mi cuerpo se afloje abriéndome a otra posibilidad inesperada y porque no, mejor o distinta. Cuando decidí hacer este largo viaje a la aventura sabía que eso sería parte del equipaje y de mi cotidianidad.

Volver a encontrarme en alguna parte de Asia otra vez, me traía una sensación extraña como de estar en casa, quizás porque en mi último viaje aprendí como moverme al ritmo de ellos y eso me creaba una cierta seguridad. Sabiendo también que cada país tiene sus particularidades y abriéndome a ello con respeto y curiosidad.

Esta vez, aunque es un viaje en solitario, inesperadamente en el último momento se apuntó a acompañarme Ania, la novia de mi amiga Isa, durante 40 días y 40 noches, cosa que recibí como un regalo y empujón de salida.

Tet, año nuevo Chino.
Moto cargada en Hanoi.

De camino al hotel, el único que tenía reservado para dos noches, contemplaba el bullicio mañanero que suele haber, el intenso y caótico tráfico de coches, motos transportando 3, 4 o 5 personas, o cargadas de cosas impensables para nosotros y bicis al igual. El ruido de los pitos incesantes nos hizo terminar de despertar. Mientras Ania flipaba, porque nunca había estado por estos lares, yo sonreía relajada.

Llamó mi atención una multitud de gente que se adentraban a lo que parecía un mercado, pregunte al taxista y me dijo que era el Mercado de las Flores y que abría todos los días hasta las 2. Quedaba lejos del hotel por lo que preferí dejarlo para el día siguiente.

Como llegamos a las siete de la mañana, la habitación estaba ocupada aún, así que dejamos las maletas y a la calle. Una de las cosas que más me gustan de viajar cuando llego a una ciudad nueva, es perderme por sus rincones y dejar que se muestre ella misma.

Había leído que los cuatro primeros días de Febrero, Vietnam celebra el Tet, el año nuevo Chino,  y me habían dicho que me encontraría casi todo cerrado, pero para mi sorpresa no fue así, porque menos los Museos y los Organismos Gubernamentales , todo lo demás estaba abierto y el curso del día a día «parecía» estar latente. Nosotras llegamos el día dos pensando que su festividad había sido del 31 al 1, como nosotros en España, pero un mes después.

Dejándonos llevar.

El Lago Hoan Kiem nos quedaba bastante cerca siendo el corazón de la ciudad. En medio tiene un pequeño Templo inaccesible, en un extremo una Pagoda al cruzar un puente rojo, y justo en frente El Teatro de Marionetas de Agua Thang Long. Paseamos por sus alrededores, entre familias que disfrutaban con sus niños, parejas en bancos sentadas y personas mayores risueñas contándose historias.

Recordaba que cruzar una calle en Asia no era fácil, pero Vietnam es reconocido por ser el país con más motos de todo el continente y lo confirmo. Ellos no se van a parar, ni en los pasos de cebra ni en la mayoría de los semáforos, siempre te puede salir una por cualquier parte. Así que al final, te tiras con cuidado pero con el objetivo claro de llegar a la otra acera, sin prisa, porque es como un baile de esquivos entre ellas y tú

Tet, año nuevo Chino.
Mujer vendiendo en la calle con los típicos canastos.

Y así fuimos adentrándonos en el Barrio Viejo, repleto de tiendas de imitaciones de marcas, sobre todo de North Face a precios muy baratos. A cada paso me tropezaba con puestos de comidas caseras, echas en las aceras, con su particular higiene. O mujeres llevando los cestos típicos Vietnamitas, repletos de frutas tropicales y conocidas. Pero lo que mas me gustó son esas 36 calles que la rigen, es un lugar para conocer la esencia de la ciudad, porque la particularidad que tienen es que están repletas de tiendas de una sola variedad, como la calle de las gafas, de los relojes, de artesanos de madera, de juguetes, de ferreterías, de sedas, de frutas y verduras………cada una de una sola cosa. Mágicos rincones que apenas han cambiado desde el Siglo XV.

Mientras, entraba en alguna agencia de viaje que me encontraba al paso, porque mi idea era irnos al día siguiente a la Bahía de Halong para aprovechar el tiempo y así pasasen esos cuatro días festivos. Sabía que los tours salían de Hanoi y te traían de vuelta, para cuando volviésemos ya estarían abiertos los Museos y demás cosas que nos interesaban. Pero los precios estaban disparatados, por las vacaciones y eso había que pagarlo.

El colorido.

Tet, año nuevo Chino.
Mujer dulce con su puesto de flores.

Bueno, con tranquilidad pensando que encontraríamos algo mejor, entusiasmadas con esa sorprendente ciudad y sin prisas, al día siguiente nos fuimos a ese Mercado de Flores que tenía fichado. Los Mercados son esos lugares donde puedes exhalar su estilo de vida, ver como se manejan y que les mueve. Su colorido y variedad de flores era tan espectacular, que le restaba importancia a sus calles llenas de barro y ramas cortadas por todas partes. Los árboles Hoa Mai son típicos en estas fechas para ellos, de varas alargadas y delgadas con pequeñas flores rojizas/rosas. Y muchas personas cargaban con ellos para sus casas. Fue un espectáculo visual para mi parte más fotográfica y para mis sentidos olfativos.

Tet, año nuevo Chino.
Nosotras como niñas en la Calle del tren.
Más tarde, volvimos al Barrio Viejo en busca de la famosa Calle del tren, Hanoi Train Street. Es una calle estrecha a un metro de distancia entre las vías y las casas o pequeños cafés. Se podía percibir la vida local realmente auténtica, alrededor de ella, sobre la que se cocina, se juega, se friegan los cacharros, los bares montan sus mesitas…..hasta que a ciertas horas pasa el tren y todo se recoge minutos antes. Tuvimos la suerte de presenciar ese curioso momento, y nos hicieron levantarnos, plegar las sillas y pegarnos a la pared. La verdad es que pasa con cierta velocidad como para moverte el pelo.

Y para terminar el día nos comimos una exquisita Barbacoa Vietnamita echa por nosotras mismas en plena calle. Muy típicas; de cerdo, pollo y verduras. Ya que al medio día habíamos probado la Sopa Pho, echa de caldo con noodles de arroz, pollo, cebollino y cilantro, esta no me gustó tanto por su último ingrediente.

Buscando la salida.

Pues si la Bahía  esta carísima nos vamos al Norte, a las montañas de Sapa y a hacer la ruta de Ha Giang, la parte más profunda de Vietnam, con sus aldeas donde conviven etnias conservando sus tradiciones mas antiguas. Así que le preguntamos a los de nuestro hotel en que estación comprar los billetes de bus.

El Hotel Dinh House-Silent Homestay donde estábamos, era más bien casero, como su nombre indica, aunque muy coqueto. Lo regentan una parejita muy joven pero generosamente amables, ella me había dicho que se iba a su pueblo a pasar el Tet, pero que se quedaba su novio que apenas hablaba ingles y que para cualquier cosa le hablásemos por whatsapp a ella. ( Una de las cosas que más me ha sorprendido de Vietnam, es que la mayoría de la gente que trabaja cara al público no hablan ingles, ni los taxistas, ni camareros, ni hoteleros, ni en muchas tiendas. Hasta ese límite no lo había vivido antes en Asia. Menos mal el traductor de Google que nos ayuda a tener conversaciones español-vietnamita. Cuando no se pone farruco. Si no, siempre está el idioma internacional de las señas y muecas).

En ese instante nos enteramos que las fiestas duraban 9 días y que apenas había autobuses, por lo tanto complicado para movernos. Con la ayuda de ellos pudimos comprar por internet, unos billetes de bus para el día 6 por la mañana, porque  para antes no había nada y estábamos a día 3. Atrapadas en Hanoi. Él, nos dijo que al día siguiente había fuegos artificiales en el lago y que todos se reunían allí a celebrar el Tet, año nuevo Chino.

Hasta ese momento no me dí cuenta de lo que significaba vivir aquello y porque todo se había rodeado para ello.

Acababa de empezar mi gran viaje de un año recorriendo mundo y tenía que celebrar de ante mano, la oportunidad que la vida y yo misma me estaba dando y esto venía a recordármelo. Celebremos cada momento, cada partida, cada llegada…..como si fuera ese instante efímero que se disuelve en un segundo.

Buscando la salida, me encontré con la vida elegida.

La nueva apertura.

Estos 2 días más nos dio la oportunidad de seguir sintiendo el pulso de la ciudad :

Tet, año nuevo Chino.
El altar de un Templo con ofrendas a los Budas.

Pudimos ver alguna Pagoda que nos sorprendía de pronto recorriendo las calles sin rumbo. Donde al entrar el tiempo se para. El ruido mundano parece desaparecer. Respiras la energía de los ancestros. Cautivada por dragones en esculturas y puertas doradas que abren la imaginación de otros tiempos. Columnas de piedras labradas a mano. Bonsais minuciosamente trabajados. Ofrendas a los Budas orados por sus creyentes. Monjes paseando al vuelo de sus túnicas y telas grises o marrones tendidas al sol. La paz y el silencio crean una melodía. Y mis pies descalzos me recuerdan donde estoy.

También fuimos a esos mercados locales que me fascinan, donde puedo Tet, año nuevo Chino.inhalar la realidad de ellos……..Sus comidas me hablan de sus gustos, sus preferencias me cuentan sus posibilidades, sus necesidades me enseñan sus carencias y sus formas de relacionarse me muestran su educación. Mezclándonos entre carnes encima de cartones. Pescados saltando aun de viveza u otros con los ojos secos de días sin vender. Frutas exóticas de sabores ácidos y otras dulces como la miel. Especias menos comunes que aromatizan el caminar. Comidas echas que te explican sus costumbres. O ropas básicas de precios accesibles…………La vida al fin y al cabo.

O pasear por su Barrio Francés, con anchas avenidas y casas coloniales, trayéndome a la memoria que como muchos países fueron colonizados, intentando imponer el poder por encima de un pueblo ya hecho.

 

El Tet…el año del Cerdo.

Esa noche, cuando salimos a la calle, estaba cortada para el tráfico cosa que se agradeció y mucho. Ahora era un río de gente; muchas familias con niños haciéndose fotos en las figuras de cerdos que había adornadas en cualquier esquina. Adolescentes con sus mejores galas. Vendedores de globos de helio ponían más colorido aun. Las aceras se habían convertido en aparcamientos de hileras de motos y aunque se podía caminar tranquilamente, la alegría se veía en sus rostros y el entusiasmo de recibir a un nuevo año era contagioso. Y allí estábamos nosotras siendo no solo testigo si no percibiendo tal excitación que no podíamos quitar la sonrisa de la cara, sintiéndonos una más la noche del Tet.

Nos dirigimos a un Restaurante que nos había gustado justo en frente del Lago para cenar algo más exquisito, nos propusieron subir a la terraza de la sexta planta pero los precios eran elevados así que nos quedamos en la plata baja. Nos agasajamos con comida Vietnamita, China y Tailandesa. Y minutos antes de las 12, le pedimos al encargado si podíamos subir a la terraza a ver los fuegos artificiales, con la sorpresa del Si.

Tet, año nuevo Chino.
Fuegos artificiales del Tet, año nuevo Chino 2.019.

Desde allí divisábamos la multitud a la espera del momento, el lago en su plena expansión, mientras los pagadores de la cena de gala brindaban con Champan.

Y de pronto explota el gentío a la vez que el cielo se llena de colores y los estruendos hacen temblar la balconada de cristal donde estábamos apoyadas. Durante 15 minutos nos deleiteamos de luz y belleza reflejándose en las aguas oscuras del Lago Hoan Kiem. 

Momentos grabados en las retinas y en el corazón.

 

El Calendario Chino está basado en animales y este le ha tocado al Cerdo:

 

  • El Cerdo de Tierra logra concretar sus proyectos gracias a su visión estratégica y sus habilidades comerciales. No es momento de aceleración. Es tiempo de descanso, de pausa, y de revisión de los años anteriores. Es un fin de ciclo que nos convoca a renovar la energía necesaria para encarar el ciclo que comienza con el Año de la Rata de Metal 2020.
  • El Cerdo no mide tiempo ni esfuerzo cuando se trata de cuidar a su familia y sus seres queridos. Por eso, en 2019, dar y recibir se convertirán en el eje de la vida cotidiana, habilitando nuevos tipos de relaciones humanas que pondrán el egoísmo y el individualismo como algo molesto y hasta inaceptable. Es momento de bajar el ego y volar más bajo y en equipo. Será un excelente año para trabajar estas cuestiones personales.
  • Será un año con una vida social enorme. Mucho más activa que otros años, con lo cual aparecerán nuevos amigos y se consolidarán nuevas amistades.
  • Serán tiempos de festejos y alegrías. El Cerdo tiene una personalidad ligada al humor, el encuentro y la diversión.

Viajar y ver otras formas de vivir me enseña que el ser humano puede adaptarse a lo que ni siquiera una puede entender o haberse imaginado alguna vez. Y el alma se enriquece de variedad.

Tet, año nuevo Chino.
La noche del Tet, año nuevo Chino.

 

 

 

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